viernes, 28 de septiembre de 2012

Cristiano Ronaldo: de aptitudes y actitudes...



Cristiano Ronaldo no me cae mal: me cae peor… No es algo coyuntural, que venga motivado por su último, y reciente, episodio de tristeza, que ha podido indignar, con justa lógica, a la inmensa mayoría de la gente normal de este país. No, es algo que va más allá, y que trae su origen en la percepción que, de su imagen pública (de la otra, no tengo ni el gusto ni el disgusto de conocer el más mínimo detalle…), tengo desde que llegó al Real Madrid. Prepotente, soberbio, egoísta, irrespetuoso, maleducado, caprichoso...
 
En todo caso, y como las percepciones en ese ámbito no deben tender la trampa del prejuicio a las apreciaciones que atañen a lo técnico-furgolístico, también he de reconocer que se trata de un tipo con una serie de virtudes furgolísticas (velocidad, regate, tiro) de un nivel extraordinario. Negarlo sería no solo cicatero y mezquino, sino sintomático de una ceguera digna de atención oftalmológica profunda y urgente. Y supongo que cualquier amante del furgol (entre los que me incluyo) goza a lo grande viendo las evoluciones sobre el terreno de juego de este portuguesito.

Eso sí, CR7 no es mi tipo (furgolísticamente hablando, claro). Entiendo que en este deporte la finalización, el gol, no se trata de un lance más, de una importancia determinada, sino que se trata de, como diría el ínclito Manquiña de ‘Airbag’, el ‘conceto’; el fin que justifica todo lo que ocurre antes de él y encaminado a él; y, consecuentemente, los jugadores que gozan del don del gol (y de eso Ronaldo tiene una saca que ríase usted del Banco Central Europeo…) nunca se pueden desdeñar, ni postergar en estimación de méritos respecto a cualesquiera otros que se desenvuelven en otras posiciones del campo, y asumen otros roles. Pero los que tenemos una concepción más colectivista de este deporte, aunque podamos disfrutar bestialmente con un Messi, un Pelé o un Maradona, a quien tenemos en un altar es a Xavi (en mi humilde opinión, el mejor jugador español de todos los tiempos), o, en su defecto, a Iniesta.

En suma, el de Cristiano Ronalda es un supuesto de manual de eso que se podría calificar de discordancia plena entre aptitudes (las furgolísticas, excelsas...) y actitudes (las personales, nefastas...). Además, a qué engañarnos, ¿qué aprecio se puede sentir por un chaval que —me barrunto yo…— es más feliz con un 1-5 en contra (si él mete el gol de su equipo) que con un 7-0 a favor (si él no ha 'mojado')? Él lo negaría siempre, por supuesto, pero observen su rostro en ciertos momentos, que es el que lo delata. Pues eso…

* Pasión furgolera XVI.-

* La fotografía que ilustra esta reseña es obra de JanSOLO y se publica bajo una licencia Creative Commons.-

martes, 4 de septiembre de 2012

Manu Ginóbili


Una de las más gratas sorpresas que me ha proporcionado el reciente torneo olímpico de baloncesto —más allá de la excelente actuación, una vez más, de la selección española, un ejemplo de cómo el trabajo desde la humildad rinde fruto incluso para los más grandes—, ha sido la de comprobar el excelente nivel de juego que sigue exhibiendo, a sus treinta y cinco años, uno de los mejores jugadores de baloncesto de la última década, el argentino Emanuel Ginóbili.

Ginóbili —cuya  trayectoria NBA no he atendido regularmente en los últimos años, aunque me consta que sus prestaciones con los Spurs de San Antonio siguen rayando a gran altura— ha efectuado un notable torneo en Londres, y se ha vuelto a erigir en piedra angular, junto a hombres como Scola y Delfino, de una aún muy competitiva escuadra argentina —su cuarto puesto así lo refrenda—, a la cual, por exigencias biológicas (la edad media de sus puntales empieza a situarse bastante por encima de la treintena), le llega ya la hora de una profunda renovación. Sus números (19,4 puntos; 5,4 rebotes; 4,1 asistencias) lo acreditan sobradamente, pero, más allá de ellos, lo que sigue derrochando este extraordinario escolta es determinación, carácter ganador y capacidad individual para echarse a la espalda a su equipo y llevarlo a triunfos, por muy complicados que éstos puedan resultar a priori: algo que lo emparenta a esos jugadores de raza que, aun pecando en ocasiones de cierto individualismo (y me viene a la cabeza, como referente cercano y reciente, el caso de Papaloukas), siempre suman.

Claro, que ¿cómo no ser individualista cuando se dispone de esa combinación letal de tiro exterior y potencia de penetración que lo hacen un jugador tan difícil de defender? ¿Cómo no abusar de unos exquisitos fundamentos individuales que se despliegan en unas extraordinarias capacidades de drible, recorte y pase con las cuales traza trayectorias (corporales y de balón) impredecibles? ¿Cómo no aprovechar esa brutal potencia de salto, que le permite atacar el aro con la misma fiera determinación con que lo hacen los grandes ‘armarios’ afroamericanos que habitan en la pintura?

Con tales atributos, Ginóbili ha edificado una trayectoria, —tanto a nivel de clubes, en Europa y en Estados Unidos,  como de selección—, jalonada de victorias y títulos (Legas y Euroligas; anillos de la NBA; campeonatos continentales, mundiales y olímpicos) hasta alcanzar un palmarés solo al alcance de unos pocos elegidos. Ojalá Manu lo siga engrosando: significará que podemos seguir disfrutando de su juego eléctrico y electrizante.

* Pasando por el aro I.-

* La fotografía que ilustra esta reseña es obra de  mattbritt00 y se publica bajo una licencia Creative Commons.-